“Pedro les respondió: conviértanse y háganse bautizar en
el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados y así recibirán el don del Espíritu Santo”,
Hch 2, 38.
Pedro invita en este texto a los presentes a bautizarse con
el Rito del Bautismo, para que en un
futuro reciban lo que están viendo que en ese momento están recibiendo los
Apóstoles, el Espíritu Santo. Nótese que los Apóstoles no han recibido el Rito del
Bautismo ese dia sino tres años antes cuando comenzaron a seguir a Jesús. Lo que ellos están recibiendo es el Bautismo en Espíritu
que les había anunciado Jesús en Hch 1, 5:
“Juan bautizó con agua pero ustedes seréis bautizados con
el Espíritu Santo dentro de pocos días”.
Y al ver Pedro llegarles el Espíritu, lo que están viendo también los presentes, es por lo que invita a todos a bautizarse en el Rito para que también lleguen un dia a recibirlo, ya
que los Apóstoles lo recibieron como una consecuencia del Rito del Bautismo de
tres años atrás cuando se incorporaron a la Iglesia única de Cristo.
Nótese también que los 3000 discípulos que son invitados
a bautizarse en el Rito y efectivamente lo hacen no reciben después del Rito la misma manifestación del Espíritu Santo que
recibieron los Apóstoles. Ellos solo reciben el Rito del Bautismo, sin ninguna manifestación sobrenatural adicional, lo que demuestra que solo por hacer el Rito no
recibimos la salvación en plenitud de
inmediato.
Es importante entender esta separación de eventos y
protagonistas en la narración, y lo que cada uno vive en realidad, porque de lo contrario terminamos fundiendo todos los hechos y personajes en uno solo, como si todos vivieran y recibieran lo mismo, y hay bastante diferencia entre los Apóstoles que están recibiendo
el Bautismo en Espíritu después de tres años de haberse bautizado en el Rito y
de seguir a Jesús, y los nuevos discípulos que apenas están recibiendo el Rito
del Bautismo al iniciar su seguimiento de Jesús como miembros de su Iglesia
única.
Cada creyente o miembro de la Iglesia debe vivir ambos hechos durante su vida, tanto
el Rito del Bautismo al comenzar su
pertenencia a la Iglesia, como el
Bautismo en Espíritu en algún momento de su seguimiento al recibir la
conversión o salvación en plenitud como en Pentecostés.
La Biblia nos muestra como llegar a ser verdaderos
cristianos mostrándonos como lo vivieron los primeros discípulos. Y si muestra que los Apóstoles –y los demás discípulos, Hch 10, 44;
19, 6- recibieron el Espíritu de esa
forma, debemos vivirlo también nosotros para llegar a ser como los Apóstoles y
sus discípulos verdaderos cristianos.
Por ello es ilusorio o irreal decir o asumir que por el
solo Rito del Bautismo ya tenemos la salvación. Eso equivaldría a pensar que
por realizar un acto humano ya somos salvos automáticamente, y todos sabemos
que si la salvación es un don de Dios no es por un acto que realicemos –el Rito-
la podemos alcanzar ipso facto, de hecho, al momento de realizar el Rito.
El Rito del Bautismo y el Bautismo en Espíritu son dos
hechos diferentes en la vida de cada cristiano, como ya dijimos, y ambos hacen
parte del Bautismo en general que todos debemos vivir y recibir durante el
seguimiento que hagamos de Cristo en su Iglesia.
El Bautismo en Espíritu solo se recibe siguiendo a Cristo
en su Iglesia única, al creer la predicación que nos es dada en Ella. Por ello
le dijo Jesús a los miembros de su Iglesia al enviarlos a predicar el Evangelio vivo, el del Espíritu no el escrito, al mundo entero: “el que crea y sea bautizado se salvará”, Mc 16, 15-16. Porque
al creer a esa predicación somos bautizados en nuestro corazón con la gracia
del Espíritu Santo, y de tanto creer llega el momento en que se manifiesta a
nosotros y lo recibimos en plenitud para hacernos salvos.
Por ello también Jesús les dijo en otro momento, Mt 28,
19, que fueran al mundo "a bautizar a todas las gentes", porque la consecuencia
de la predicación de la Iglesia es que seamos bautizados en Espíritu, que lo
recibamos en plenitud, y de esa forma seamos bautizados por el Agua Viva del
Espíritu Santo y solo de esa forma seamos salvos.
Y esa Agua Viva del Espíritu es la que al recibirla nos
limpia de nuestros pecados porque ya no basamos nuestros actos en nuestros
razonamientos y voluntad humanos que son pecadores, sino en lo que el Espíritu
directamente nos inspira e ilumina después de manifestársenos, que es lo que nos hace santos y salvos.
Como podemos ver, Mc 16, 15-16 y Mt 28, 19-20 hablan de
que hay que creer para recibir el Bautismo en Espíritu, y no el Rito del
Bautismo solamente.
Por ello para recibir el Bautismo en Espíritu es que necesitamos tener
uso de razón e inteligencia porque debemos antes creer a la predicación que se
nos anuncia, que escuchamos de la Iglesia, lo que no necesariamente necesitamos
para el Rito y por eso se puede realizar desde bebés. Ya tendrá uso de razón
cuando crezca. Pero mientras lo hace si puede ser guiado por la Gracia interior
que se recibe desde el Rito, hasta que la reciba en plenitud.
Por ello la importancia de seguir a Jesús en la Iglesia única
que El mismo formó en persona cuando vino y a la que entregó su Espíritu desde
Pentecostés, porque el verdadero Bautismo por inmersión que debemos vivir es el de estar
sumergidos permanentemente, como en una piscina bautismal, en el Agua Viva del
Espíritu que solo recibió la Iglesia, para de ella surgir o nacer como hombres
nuevos para Cristo al recibir nosotros también en algún momento de nuestra vida
ese mismo Espíritu, al ser bautizados en Espíritu como en Pentecostés lo
vivieron los Apóstoles. Ese es el Bautismo que salva y del que es figura el
Rito. Y solo en la Iglesia Católica puede llegar a realizar el Rito lo que promete.
La inmersión en las aguas del Bautismo es figura de nuestra vida en
la Iglesia, sumergidos en el Agua Viva del Espíritu,
de la que nacemos de nuevo para Cristo.
Por ello nadie puede nacer o decir que ha nacido de nuevo
del Agua y del Espíritu, o que es salvo, sin vivir la experiencia real de
recibir el Bautismo en Espíritu.
Y hay que decirlo, que por estar fuera de nuestra Iglesia
es que los hermanos separados nunca viven esa experiencia real del Bautismo en
Espíritu, porque nadie puede nacer de nuevo del Agua y del Espíritu si la
piscina bautismal o congregación está seca del Espíritu Santo, el que solo lo
recibimos de la Iglesia, no al leer la Biblia fuera de ella.



